Estamos
en un momento de adioses. Algunos han sido libremente elegidos como el del Rey
Juan Carlos, otros, han sucedido a patadas.
Indudablemente,
la Selección, que ya no es la Roja y que ya anoche circulaba por ahí cómo la Floja,
ha tenido suerte dentro de su desgracia. Si hoy no acontecieran los actos de la
proclamación y toda la atención hubiera estado en ellos, el chorreo sería de órdago.
Ayer,
Chile, que sí es la Roja de toda la vida, nos pegó otro baño.
De
todos los daños que nos hizo Holanda, el peor de todos fue enseñar a todos el
camino para zurrarnos la badana, y los chilenos salieron con la lección
aprendida. Así nos fue.
Realmente,
y ando bien de memoria, este Mundial ha sido el peor de todos para España. Ni
siquiera nos queda el consuelo de echarle la culpa a un árbitro exótico o a un
poste mal situado. Tenemos lo que nos
merecemos y punto.
Ahora
lo fácil sería hacer leña de estos leños caídos o cebollinos mal plantados,
pero sería injusto. Estos nos dieron muchas alegrías y todo tiene un final, así
que ahora, muchas gracias, a escurrir el acíbar con Australia y a chorrarla. Dentro
de cuatro años habrá otro mundial.
Otro
adiós, este más relajado, tuvo lugar ayer, con la continuación hoy de la bienvenida
a Felipe VI. Cómo de esto va a hablar todo el mundo, yo lo dejaré, sin hablar
siquiera de la mala baba de don Menos y don Urkullu, que han escatimado hasta
un aplauso a un discurso perfecto. Si ellos son unos cicateros, es su problema,
en algún momento lo pagaran con el olvido. Pasarán a la historia como lo que
son, dos memos rencorosos sin ideas.


En
esto, hay que tomar una decisión, o bien se le dan a estas cosas el trato que
se merecen, o se anulan para siempre. Qué se lo piensen las mentes esclarecidas
que se dedican a estas cosas, porque la imagen de ayer fue tristísima y penosa.
Y
ya, bien por hoy.
Hasta
mañana
Pepeprado
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